El pase espiritista (1ª parte)

Hace dos sábados, antes de la preciosa conferencia de Jack Darsa, hablamos del periespíritu y de los chakras, con la participación de nuestro querido Argimiro Núñez, experto en filosofía y espiritualidad oriental.

Vimos que el periespíritu es esa funda sutil que rodea el espíritu, de naturaleza semimaterial, que posee unas características y funciones variadas y complejas. Es como el pericardio, membrana que recubre el corazón, o el periesperma que recubre las semillas.


El periespíritu es el intermediario entre el espíritu y el cuerpo, por lo tanto, a través de él, la información pasa de la materia al espíritu, y viceversa. Lo que captan nuestros sentidos del mundo fenoménico, del mundo material, y el cerebro procesa y codifica, penetra a través de la barrera periespiritual hasta instalarse en el Espíritu.



A su vez, lo que pensamos (esa es el atributo principal del Espíritu, la capacidad de pensar), repercute en el cuerpo gracias a la permeabilidad del periespíritu.


Somos de triple naturaleza: material (el cuerpo), semimaterial (periespíritu) y espiritual.

“La materia -nos dicen en la pregunta 22a de El Libro de los Espíritus- es el lazo que encadena al espíritu; es el instrumento del que el espíritu se sirve y sobre el cual, al mismo tiempo, ejerce su acción.”


Con materia, evidentemente, nos referimos a lo que podemos tocar y medir, a los elementos que constituyen la tabla periódica, y con toda seguridad, otros elementos que todavía no han sido descubiertos, en este planeta y en otros. No es descabellado pensar que en un futuro se descubrirán nuevos elementos, probablemente, muy sutiles, hasta ahora camuflados o invisibles para los instrumentos científicos. Cada día se descubren cosas nuevas, al fin y al cabo, nuestra capacidad es limitada. Hasta el momento se han descubierto 100 elementos químicos diferentes en el planeta Tierra.

Inicialmente, la primera tabla periódica publicada en el año 1871, contenía apenas 60 elementos distribuidos en 8 columnas. Desde entonces, se han ido descubriendo algunos más, hasta conformar las 18 columnas de la tabla periódica actual.


El propio cuerpo humano está compuesto, según lo que se sabe hasta el momento, de unos 66 elementos, sobre todo, oxígeno (65 %), carbono (18 %), hidrógeno (10 %) y nitrógeno (3 %), calcio (2 %) y fósforo (1 %). El pequeño porcentaje restante (menos de 1%) está formado por una larga lista de otros elementos, de los cuales podemos destacar el potasio, el azufre, el sodio, el cloro, el magnesio, el yodo, el hierro y el zinc.



El periespíritu

“El periespíritu es el lazo que une al Espíritu con la materia del cuerpo. Es extraído del medio circundante, del fluido universal. Participa a la vez de la electricidad, del fluido magnético y, hasta cierto punto, de la materia inerte. Podríamos decir que es la quintaesencia de la materia.”

Es decir, el periespíritu comparte esta doble naturaleza: posee moléculas propias del medio circundante, propias del planeta en el que habita. Deben ser moléculas no descubiertas hasta ahora por el ser humano. Y además de estas moléculas, posee un vínculo compatible con la naturaleza del Espíritu, sino no podría hacer de enlace.


En este mismo item 257, titulado “Ensayo teórico acerca de la sensación en los Espíritus” Kardec nos explica que “esa envoltura, extraída del medio circundante, varía según la naturaleza de cada mundo. Al pasar de un mundo a otro, los Espíritus cambian de envoltura como nosotros cambiamos de ropa cuando pasamos del invierno al verano o del polo al ecuador.”


“Durante la vida -continua- el cuerpo recibe las impresiones exteriores y las transmite al Espíritu por intermedio del periespíritu, que constituye, probablemente, lo que se denomina fluido nervioso”.


(continuará)



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