Ley de Causa y Efecto

Actualizado: ene 23

Estudio de los sábados

16 y 23 de enero de 2021


Hoy vamos a hablar de la llamada a veces “Ley de consecuencias” o “de causa y efecto” pero, también conocida como: Ley del Karma, Ley del Retorno, Ley de Acción y Reacción, etc.


Son muchos nombres para una sola ley, ¿verdad? Eso traduce las múltiples versiones de este concepto, que es más complejo de lo que puede parecer a simple vista, con amplias ramificaciones y sutilezas. Hoy hablaremos sobre algunas de ellas.

Ya Jesús se refería a esta ley en numerosas ocasiones, cuando por ejemplo dijo aquello de “no juzguéis para no ser juzgados, pues con la vara que midáis se os medirá a vosotros”;

La encontramos en la regla áurea que expresó más o menos así: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos”.

Y en Getsemaní, cuando al cortar uno de los suyos, Pedro, según el Evangelio de Juan, la oreja de un esclavo al que llamaban Malco, mandado por el sacerdote para apresar a Jesús, el Maestro le advirtió a Pedro: “guarda tu espada, porque todos los que usan la espada por la espada perecerán”.


Si somos precisos, podríamos diferenciar de dónde surge cada uno de estas formas de referirse al mismo concepto que estamos estudiando:


1. En física clásica, Issac Newton fue quien estableció el Principio de acción y reacción para referirse a la relación entre dos fuerzas. Es la Tercera ley de Newton que dice que cuando un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este segundo ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección, pero sentido opuesto.

Se suele sintetizar de la siguiente manera:



“a cada acción siempre se opone una reacción igual, pero de sentido contrario”.



Es una ley curiosa. Por ejemplo, cuando chutamos un balón con el pie, la fuerza del impacto del pie en el cuero hace que el balón nos devuelva una fuerza equivalente, pero en sentido opuesto. El pie debería retroceder de alguna manera.

Es más fácil de ver, probablemente, cuando se dispara un proyectil, y la pistola o el cañón retroceden tras el disparo.

Incluso este principio se aplica en la fuerza que ejercen recíprocamente la Tierra y la Luna, que son equivalentes y en sentido opuesto.



Aunque lo podamos utilizar como metáfora o analogía, hablaremos con más propiedad si utilizamos la expresión de Principio o Ley de Acción y Reacción para referirnos a esta ley de la física clásica de Newton. Aunque, como digo, encontraremos referencias en conferencias y libros espíritas, como es el caso de uno de los libros referencia para esta cuestión, como es el libro llamado Acción y Reacción, de André Luiz / Chico Xavier.


2. La palabra Karma, procede, como todos sabemos, de Oriente. Se utiliza en religiones y filosofías espirituales como el Hinduismo y el Budismo.

Aquí ya no hablamos del mundo físico, evidentemente, sino del mundo moral o espiritual. El Karma sería un mecanismo de reajuste, a través del cual toda acción genera consecuencias en los seres que la realizan, en esa misma vida o en las siguientes. Por lo tanto, es un concepto muy vinculado, como iremos viendo, a la Reencarnación. De forma muy simple podríamos enunciarla así:



Toda buena acción genera bienestar y felicidad, y toda acción equivocada, genera sufrimiento.



Si fuéramos más precisos, el Karma de acuerdo con el Hinduismo y con el Budismo tiene aspectos importantes que lo diferencian de esa ley a la que nos referimos en el ámbito espiritista.


3. Para Allan Kardec y los Espíritus de la Codificación es un principio tan importante, que se reproduce de una forma u otra en todas sus obras (especialmente en El Cielo y el Infierno.

Por ejemplo, en la portada de la Revista Espírita coloca Kardec la siguiente frase:



“Todo efecto tiene una causa. Todo efecto inteligente tiene una causa inteligente.”



En otro caso, cuando Kardec pregunta a los Espíritus: ¿dónde podemos hallar pruebas de la existencia de Dios?, en la cuestión número 4 de El Libro de los Espíritus, los mentores hacen referencia a este axioma del que estamos hablando, sugiriéndonos con ello que el Universo debe tener una causa primera que lo originó, o sea, Dios. Al fin y al cabo, Dios es la causa primera de todas las cosas.


En los Prolegómenos de esta misma obra, como buen razonador y empirista, Kardec afirma que, guiados por la razón, no podemos omitir el hecho de que todo efecto inteligente debe tener por causa a un poder inteligente, argumento teórico-filosófico, pero también empírico-científico con el que sostiene la realidad de las manifestaciones inteligentes de los Espíritus, argumento también utilizado en El Libro de los Médiums.

En El Cielo y el Infierno, las penas futuras según el Espiritismo, Kardec y los Espíritus nos ofrecen numerosos ejemplos de lo que significa esta Ley de causa y efecto, cuando se aplica en el estado moral en el que se encuentran los protagonistas de esta obra tras abandonar el cuerpo físico e ingresar en la erraticidad.


Hay que tener en cuenta que en la Codificación no encontraremos un apartado específico titulado "Ley de Causa y Efecto". Es un principio empírico y filosófico que asume de partida, y que utiliza ampliamente en toda la obra. La podemos inserir dentro de la ley de Progreso, y de Justicia, Amor y Caridad y, por supuesto, en la Reencarnación.


Por otro lado, la Ley de Causa y Efecto permite responder a las preguntas que Kardec se hace en El Evangelio según el Espiritismo, preguntas que todos nosotros nos hemos hecho también al contemplar las desigualdades en el mundo: ¿Por qué sufren unos más que otros? ¿Por qué nacen unos en la miseria y otros en la opulencia? Si Dios es infinitamente justo y bueno, ¿cómo puede permitir las desgracias que nos afligen?

Las vicisitudes de la vida derivan de una causa, argumenta racionalmente Kardec, y dado que Dios es justo, justa ha de ser esa causa, aunque desconocida.

Aunque en este mundo podamos permanecer impunes ante la violación de los principios morales de la honradez, de la sinceridad, de la caridad, etc., secuestrados por la fantasía de los sentidos, del orgullo y del egoísmo, nada permanece oculto al Hacedor de nuestra propia vida. Y más tarde o más temprano, las semillas que creemos haber ocultado en la noche de la ignorancia, brotarán indefectiblemente, y recogeremos los frutos de hasta lo que creíamos ya haber olvidado.

En síntesis, la ley de causa y efecto, tiene que ver con la cuenta de aciertos y errores de cada uno, englobando los créditos y los débitos que, en particular nos corresponden.

buenas acciones derivadas del libre albedrío generan consecuencias felices, mientras que malas decisiones, también bajo la tutela de ese libre albedrío individual, generan sufrimiento. Todo ello, impregnado de la misericordia de Dios, siempre dispuesto a ofrecer demoras y a aliviar el sufrimiento de todos nosotros.


¿La Ley de causa y efecto es punitiva o tiene un fin educativo de aprendizaje?

Efectivamente, la Ley de causa y efecto según el Espiritismo tiene un fin educativo de aprendizaje.

Es más, se trata de un acto de misericordia de nuestro Padre creador, que nos permite conocer las consecuencias de nuestros actos, para poco a poco acertar un mejor criterio y, así disfrutar de la mayor felicidad relativa a nuestro estado evolutivo.

Aquel carácter punitivo es propio de tradiciones filosóficas primitivas, fuesen paganas o cristianas. Se refleja en los castigos que les esperaban a los individuos transgresores de la ley moral, según esos arquetipos mitológicos, en el Tártaro de los romanos, aquél lugar tenebroso, más oscuro y profundo que el Hades, rodeado por no una, sino tres capas de noche. El Tártaro se convirtió en la prisión de los Titanes, y una mazmorra de sufrimiento para los delincuentes.

El Hades era el mundo de los muertos al que entraban todos, pero el Tártaro era el hogar de los condenados, quienes eran guardados por gigantes de decenas de enormes cabezas y cientos de brazos fuertes llamados Hecatónquiros. Al igual que el Infierno dantesco, en el Tártaro el castigo se adecuaba a la falta cometido en vida.

De esa imagen surgió el Infierno de la tradición judeo-cristiana.

Kardec cuestiona racionalmente esa interpretación tan humana e irracional, lógica propia de una mentalidad rígida y limitada.


Distanciándose de este esquema tradicional, escribe Allan Kardec en El Cielo y el Infierno:



“El alma o el espíritu, sufre en la vida espiritual las consecuencias de las imperfecciones que no consiguió corregir en la vida corporal”.



Cada uno de nosotros alcanza estados de conciencia dichosos o lamentables, junto con las condiciones ambientales asociadas, allá donde nos encontremos, de acuerdo con las consecuencias de nuestras propias decisiones.

¿Con qué fin? No para castigarnos, sino con el fin de reconducirnos por el camino de la rehabilitación, que también dependerá exclusivamente de una decisión consciente y voluntaria.

Dice el Espíritu Emmanuel en Pan Nuestro:



“Bienaventurado el espíritu que comprende la corrección del Señor y la acepta sin oponerse”.



Es cierto que, al vivir el sufrimiento como un castigo, es más fácil caer en la desesperanza o en la rebeldía. Pero no es eso lo que nos transmiten los Espíritus amigos: la corrección, el sufrimiento, es una advertencia amorosa que nos indica el momento para la rectificación necesaria, y nos ayuda a corregir el rumbo con destino a la paz y a la felicidad perdidas.

Por muy crueles que nos parezcan los destinos amargos a los que nos vemos sometidos los seres humanos, para el Espiritismo tales pruebas o expiaciones representan desafíos necesarios para el progreso del individuo y de su entorno. Todo hay que hacer por aliviar, por corregir, por socorrer. Una cosa no quita la otra. Antes lo contrario. Una cosa exige la otra.

Por lo tanto, sea al acceder al mundo espiritual, sea durante la propia existencia carnal, los efectos desagradables que sufrimos no constituyen una pena impuesta. “El Espíritu es siempre árbitro de su propio destino -nos dice Kardec en El Cielo y el Infierno, pudiendo prolongar el sufrimiento por su insistencia en el mal, o suavizarlo y anularlo por la práctica del bien”. En nosotros mismos, por lo tanto, está la responsabilidad de los efectos que nos visitan.

En el libro que hemos citado anteriormente, Acción y Reacción, encontramos esta reflexión del Ministro Sanzio:

“Cada alma establece para sí misma las circunstancias felices o infelices en que se encuentra, de acuerdo con las acciones que practica a través de sus sentimientos, de sus ideas y decisiones en la peregrinación evolutiva”.

Y prosigue más adelante: “nuestra propia conciencia, despertando en el camino de la santidad de la vida, aspira a rescatar dignamente todos los débitos contraídos ante la bondad de Dios”.


Es decir, estos mismos “castigos” suelen ser incluso solicitados por nosotros, voluntariamente, conscientes de esa necesidad de rescate, que nos conducirá a un estado de espíritu mucho más favorable, en esta misión que es vivir, que se prolonga mucho más en el tiempo y en el espacio de lo que ahora podemos percibir.



(continuará...)



56 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo